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Las culturas prehispánicas de Mesoamérica creyeron que la vida fue un sueño. Al morir se despertaba. La muerte era un escape del sufrimiento diario y de los problemas. Como la muerte era inevitable, no se le temía. Durante los tiempos precolombinos, se creía que el difunto hacía un viaje largo y peligroso por nueve mundos antes de llegar a la región de Mictlán reinado de Mictlantecuhtli y Mictlancuatl, el rey y la reina. El viaje específio dependía de la profesión que se ocupaba durante la vida. Los guerreros que morían en el combate iban a Tonatihilhuac, el mundo del sol. Las mujeres que morían en el parto iban a Cihuatlampa, la región de las mujeres. El dios de la lluvia Tláloc llamaba a todos que murieron a causa del agua al Tlalocán, el paraíso del dios de la lluvia. Los niños iban a Chichihuacuauhco, el mundo del árbol nodrizo, donde los amamantaban con la dulce leche producida por los árboles mientras esperaban volver a nacer. El viaje de los muertos duraba cuatro años, durante el cual el alma pasaba por desiertos y montañas. Era imposible cruzar el río al final del viaje sin la ayuda de un perro. Esto explica por que se encuentran los restos de perros en las tumbas. También al poner jade en la boca del muerto aseguraba que el muerto llegara en paz. El festival de la muerte se deteminó por el calendario solar azteca. Los guerreros eran honrados durante el festival de Quecholli. Este decimocuarto mes coincide con noviembre del Calendario Juliano. Los conquistadores españoles vinieron por oro y tierra y a establecer el cristianismo. Trajeron con ellos un nuevo concepto de la muerte; el concepto del bien y el mal. Creyeron en el concepto del día del juicio final, el cielo, y el infierno, lo cual era muy diferente del concepto de la muerte a parte de los indígenas. Los españoles se dieron cuenta de esto y permitieron que observaran sus creencias, con el fin de tener una mezcla de lo católico con lo indígena. El Día de Todos los Santos, el primero de noviembre, es una celebración de la Iglesia Católica Romana. El Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, es un día para rezar por las almas de los cristianos bautizados que están en el purgatorio. Estos dos días ocurren al mismo tiempo de Quecholli. Por eso durante las celebraciones se ve una mezcla de costumbres católicas e indígenas. Se cree que el Día de los Muertos las almas regresan para visitar a sus parientes y amigos en la tierra. Por el mes de octubre se empiezan las preparaciones para darles el bienvenido. En casi todos los pueblos hay calacas de muchas formas. Panaderías y dulcerías preparan pasteles en forma de calacas y calaveras. El papel picado con diseños de calacas cuelga desde los techos. El amarillo dorado de las flores cempazuchitl está por todas partes como decoración de las ofrendas y tumbas. En cada casa hay ofrendas para que el alma se sienta cómoda en casa. Allí hay juguetes, comida, y bebidas. Además hay fotos y velas. El primero de noviembre regresan las almas de los niños, los angelitos. Las de los adultos regresan el 2 de noviembre. Otras costumbres incluyen ir al teatro para ver Don Juan Tenorio y publicar calaveras en los periódicos para reír de la muerte. Las calacas de José Guadalupe Posada son sinóminas de la celebración. Taken from Teacher's Discovery Center, La historia del día de los muertos. Los perros negros que se llaman xoloitzcuintle (xolo - pronounced "sholo")
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